Creo recordar que hace unas semanas comenté que lo de elegir
una crema (o champú o lo que sea) a mi me resulta una tarea harto complicada.
No entiendo absolutamente nada y sinceramente, por más que me lo explican, soy
incapaz de retener ese tipo de información, y es que tengo un cerebro selectivo
que sólo almacena datos que realmente importan, como frases de películas,
canciones de Mary Poppins y esas cosas... ¡¡Cosas que algún día salvarán el
mundo!!
El otro día, después del escarmiento que sufrí
achicharrándome la espalda (he estado denominándome a mi misma “mujer serpiente
en época de muda”, no digo más), decidí comprarme un protector solar. Juro que
pensé que iba a ser sencillo... JA!! Me tuve que tragar mi orgullo y acabé
pidiendo auxilio a la dependienta (porque no, no era pedir ayuda, eso no habría sido tan
humillante), que me miró con cara de “hija por dios, que sólo
es una crema, no es tan complicado”. ¡Los cojones treinta y
trés sólo una crema!
En fin, que después de mi adquisición, ayer me fui a escalar
y como ya soy mayor y estoy madurando (bueno, admito que me lo recordaron tanto y por tantas vías, que como para olvidarme), me la puse por todos lados: en la
espalda, en los brazos, en la cara, en las piernas, en el canalillo...
Todo perfecto hasta que me dispuse a trepar por la roca. Por
si alguien no ha caido todavía en la cuenta, las manos con la crema quedan
grasientillas y por lo tanto, resbalan un poco. Primer error: no limpiarme los
dedetes después de la operación “potingues pa’l sol”.
Como ya estaba yo atada y con los pies de gato puestos,
pensé “bah! nada que no se arregle conun poco de magnesio”. Segundo y fatídico
error: pensar.
¡Madre del amor hermoso la que me preparé en las manos!
Tenía semejante mezcla entre el magnesio y la crema que podría haber enlucido
el Escorial entero. ¡Que asco coño!
Así que pensé: “bueno, me bajo, me limpio, vuelvo a ponerme
magnesio y arriba”. Tercer y también fatídico error: volver a pensar.
Y es que en la idea de bajarme e ir a limpiarme está implícito
el “me quito los pies de gato porque para escalar genial, pero para andar ni
las geishas”. Efectivamente, los gatos acabaron como el rosario de la aurora.
Ains... que mal esto de usar la cabeza...pero es que como ya no llevo gafas le tenía que buscar utilidad.
PD. De mi achicharramiento tengo ahora como recuerdo un
montón de pecas que me han salido en la nariz (bueno, me salen todos los
veranos) y otras cuantas que me han salido en la espalda. Me voy a dibujar unas
cuantas constelaciones en los homoplatos, a ver que invento (un poco complicado
si, pero yo creo que llego bien).
PD2. Estoy un poco indignada. No puede haber un dia de
montaña/escalada sin almuerzo previo en un bar de pueblo (esto es: café con
leche y bocadillo de tortilla). En el que entramos sólo tenían un trocinín
pequeño de bizcocho (ni para un diente) y cuatro churros (literal). ¿Pero que broma
es ésta?
PD3. Ahora odio a mi escalador. Se ha echado una novia masajista. Masajista!!! ¿¿¿Acaso puede ser el mundo más cruel conmigo??? Como ya me diga que le corta el pelo, la tenemos... (Por si alguien tiene dudas, a mi la envidia me la da el hecho de que sea masajista, que aqui servidora tiene un hombro cascado desde hace años y se deja una pasta en osteópatas)


